Esta adaptación de una meditación de Paul Gilbert se trabaja como un ejercicio interpretativo a base de visualizaciones.
Hoy sabemos que ante lo imaginado con intensidad y lo vivido realmente, el cerebro no diferencia del todo; con las visualizaciones adecuadas podemos activar la corteza prefrontal, el nervio vago, reducir el cortisol, generar oxitocina, etc… y, con entrenamiento, generar cambios a nivel epigenético.
No todo el mundo tiene la misma capacidad de visualización; con lo que accede a esta meditación con apertura y curiosidad.
Escúchala y prueba a ponerte en la piel… de tu yo compasivo.